Benedetto Castelli ocupó la plaza de Galileo en Pisa, por ser su mejor estudiante. Benedetto le escribió una carta a Galileo con el fin de pedirle consejo. En la carta le contaba a su maestro que la duquesa Cristina de Lorena lo había llamado porque tenía una duda. La joven duquesa le preguntó al matemático si no había contradicción entre la Biblia y el sistema Copérnico que él defendía. La duquesa no entendía porque si Dios mando detenerse al Sol, un mortal dice que el Sol está quieto y es la tierra la que se mueve.
Galileo sabía que esta pregunta tenía su peligro, pero no abandonó a Benedetto. Él le respondió con otra carta en la que hablaba sobre la relación entre lo que dice la Biblia y lo que se puede observar directamente.
El aprendiz, muy contento con su maestro, empezó amostrarle a todo el mundo la carta. Al enterarse todo el mundo del contenido de la carta Galileo pensó que esto le podía molestar a la duquesa, por lo que le escribió una carta personalmente a ella explicándole todo lo sucedido.
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